jueves, 29 de julio de 2010

Confesión del mes

Con el paso de los años me he autodelimitado controlándome en demasiados sentido que hoy al reflexionar sobre ellos me doy cuenta del daño tan grave que me he hecho, el autocontrol ha sido mas destructivo a mi creatividad que cualquier tipo de cigarrillo a mis pulmones, queriendo llevarme a explorar nuevas fronteras de la creatividad y de la improvisación, actividades en las cuales mi desempeño es realmente pobre y difícilmente tengo algo que decir porque no se como expresar mis ideas debido al inmenso muro mental/emocional construido para reprimirme a mi mismo.

No culpo a nadie de dicha situación porque debido a esto el único culpable soy yo, en lo que a mi actividad representa una gran superioridad sobre los demás es en el momento de confesar recuerdos, dados los años pasados zambulléndome en ellos tratando de retener para siempre en mis recuerdos hasta el más insignificante de los detalles en las glorias del ayer , recuerdos felices de épocas pasadas, situaciones, personajes y vivencias que resultan tan nítidas cual escena contemplada por el ojo humano en una función teatral.

Ese constante apego a los viejos tiempos generan un sentir melancólico el cual evito a toda costa con distractores mentales y enajenantes como los videojuegos, siendo los más útiles a mis fines los de rol, donde escapar de la realidad siendo un guerrero combatiendo con diversos monstruos y aberraciones del abismo para renegar de la realidad en la que apáticamente he caído.

Por eso ahora es momento de crecer. De dar un paso adelante , ¿para qué volver atrás si en el pasado no se encuentran las soluciones al presente?, cualquier acción para resolver al presente debe ser realizada ahí mismo con sus frutos en el futuro. Con tan solo poniendo un mínimo de atención en las lecciones de la historia la humanidad podría evitar recaer en sus propios errores.

Superando estas ya conocidas obstrucciones a mi felicidad, la cual descubrí accidentalmente en la universidad, en la energía magnética del teatro, donde la confianza, responsabilidad y el trabajo en equipo son aún más importantes que en cualquier otra disciplina científica, encuentro un fin superior al cual me siento apasionadamente ligado, en el arte de trasmitir un mensaje a través de la conjunción de movimientos y sentimientos en un espacio sacro, en un universo sin Dios y sin moral.